48. No me digas que no
48. No me digas que no
Aiden permaneció quieto como una estatua. Sus ojos no se apartaron de Nikki ni un solo momento, ni siquiera se atrevió a parpadear por temor a que la niña desapareciera si lo hacía.
Todo dejó de existir para él. Los murmullos de sus otros nietos, las personas que lo acompañaban en el jardín.
Había esperado este momento, lo había soñado tantas veces que hoy no sabía si era uno de tantos sueños o una realidad.
Un paso y luego otro lo llevaron hasta quedar delante de Nikki.