Kate estaba bien en la casa de Eduardo, junto a la señora María. Ella no salía de allí, se quedaba en el jardín, en la sala leyendo, dormía lo suficiente y la señora María se encargaba de las compras y del aseo. Para entretenerse cocinaban juntas, así Kate aprendió a hacer muchos platos.
Sus amigos clientes del Banco iban a verla a la casa y Kate los seguía asesorando, tal como se los había prometido, así ellos les pagaban consultorías, lo cual fue beneficioso para Kate, quien trabajaba sin salir de la casa y le alcanzaba para pagarle a María, mantener la casa y ahorrar para la llegada de su bebé.
Gracias a los consejos de Kate, cada uno de los negocios de sus clientes, fueron creciendo en ventas y ellos empezaron a recomendar los servicios de Kate. De esta manera, Kate en la casa de Eduardo se armó de su propia oficina y atendía a clientes, finalmente sus ingresos eran mayores que cuando trabajaba en el Banco.
Cada vez que se sumaba un nuevo cliente a su cartera, Kate con la señora M