El día siguiente se arrastró demasiado lento. No podía esperar a estar en la escuela y hoy otra vez era su clase. Llegué más temprano de lo habitual, pero esta vez él llegó tarde.
Cada vez que la puerta del aula crujía, miraba hacia arriba, esperando que fuera él entrando temprano solo para captar mi mirada. Pero a veces era un chico cualquiera o alguna tipa, y la verdad es que me ponía furiosa.
Entró exactamente a las 12:00 p.m., con la misma camisa blanca, pero esta vez con pantalones negros.