En el coche permaneció en silencio, contemplando el paisaje nocturno de la ciudad, las brillantes luces de neón, el tráfico.
-¿No tienes nada que decir? -preguntó Leonidas al cabo de un rato.
-Gracias por haber decidido con tanta rapidez que nos fuéramos.
-¿Cómo te sientes?
-Bien -contestó Marisa. Al menos físicamente. Emocionalmente era otra cuestión.
Unos minutos después, Leonidas detenía el coche ante la casa de Alice.
-Nos vemos mañana -dijo Marisa a la vez que alargaba una mano hacia la pu