Doy la vuelta y salgo corriendo por la puerta, por el camino resbaladizo, luchando contra mis lágrimas, sin tener idea de a dónde voy. No puedo ir al albergue, o al hotel, no de la forma en que me veo ahora. Corro sin rumbo, perdida y sola y desconsolada. Justo en alguien.
_ ¡Lo siento! _ Intento pasar junto a él, manteniendo la cabeza gacha.
_ ¿Prue? _ Él tira de su capucha hacia atrás para revelar su rostro.
_ ¿Miguel? _ Masajista de Diego _ ¿Qué estás haciendo aquí? _ Hace una pausa, frun