El sol de la mañana entra a raudales por la ventana cuando llego a las siete.
Diego ya está vestido con su traje y en el escritorio, escribiendo furiosamente.
_ Buenos días _ ofrezco, sirviéndome una taza de café.
A pesar de irme a la cama con pensamientos enredados, mi cuerpo se apagó y no quería reiniciar esta mañana cuando mi alarma sonó a las seis. Si bien esperaba despertarme con alguna explicación lógica para Diego y sus severos cambios de humor e intenciones, todo lo que me desperté a