Cierro los ojos y me permito soñar con su boca y sus manos, con su piel desnuda contra la mía. Deseando que fuera mío otra vez. Y así es como me desvanezco.
Me despierto en los brazos de Diego con la voz del capitán por el intercomunicador, diciéndonos que hemos comenzado nuestro descenso a Seattle. La terrible realidad de la situación me golpea como un ladrillo en el pecho. Mi papá. El accidente. Instantáneamente busco mi teléfono.
_ Todavía está en cirugía desde hace media hora. He estado a