El ambiente que se sentía acercándose a la ciudad podía describirse perfectamente como lúgubre, habían pasado apenas unas horas y sin embargo la ciudad ya estaba completamente destruida. Había cadáveres en cada rincón de la ciudad, la entrada desde el bosque tenía apenas a unos cuantos guardias, mismos que se encargaron de neutralizar, asegurándose de no dejarlos a la vista y que alguien pudiera sospechar, aunque dudaban que pudieran darse cuenta con tantos cadáveres que ya estaban amontonados