Volvimos de dejar a las chicas y llegamos directo a la suite presidencial. Al entrar nos encontramos a mis dos princesas riendo sentadas en el gran sofá de la sala comiendo helado con galletas como si hace menos de dos horas no nos hubiéramos enterado de todo el drama.
—Veo que ya están mejor—les dice Thomas, mientras se acerca a ellas y le roba la galleta que estaba a punto de echarse a la boca Mi arpía.
—¡Hey, Scott!—mascullo entre dientes.
—Tranquilo, Connelly. Todo tu problema me abrió el a