Estos últimos días, antes de volver a Nueva York, hemos pasado unos días maravillosos. Trabajamos como bestias en la obra y en la oficina en el día y en las noches disfrutábamos de ser una pareja “relativamente normal” en las noches.
Más allá de los jueguitos, en que mi arpía me hacía ver las estrellas con sus manos y su boca, no habíamos pasado, pues ella, cada vez que intentaba hacerle algo se tensaba.
Pero esta noche quería hacerla sentir distinto y fue así que la invité a salir.
A las nu