—Lo abracé de nuevo con fuerza—. ¿Voy a vivir contigo? Yo no quiero vivir con los abuelos de papá.
—Claro que vivirás conmigo, eso no se pregunta. Y pobre del que me diga lo contrario —sonrió y me dio un beso—. ¿Qué deseas pedir?
—Salomé. —Yaro le pasó la carta de comidas.
—No tengo hambre. Almuercen ustedes.
—Préstame tus audífonos Yasar. Son para Darío.
—¿No quieres que escuche conversaciones de adultos? —sonreímos—. Está bien, quiero comer esto, por favor.
—Yo pido.
—Mi cuñado es muy intelig