Llegamos pasada las siete de la noche a la Villa. Nos esperaban con una amena cena. Vimos llorar de nuevo a Amira mientras era abrazada y consolada por Onely. Era algo conmovedor para nosotras; era la fuerte, la peleonera, la entrona, la arriesgada. Pero le dolía en el alma no poder pedir perdón, no escuchar un te amo hija después de lo ocurrido. Cuando habló con su padre por celular volvió a llorar y otro que no se le apartaba era Darío. El niño sentía consuelo al estar cerca de ella.
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