Llegamos a la Villa pasadas las once de la noche, todos nos esperaban en la terraza, mi hermana hablaba con Salomé. Las saludé a ambas.
—Te ves cansado. —La traje hacia mí y le di un beso en la boca que la sonrojó.
—Lo estoy —Marian sonrió al verme con ella. Me abrazó.
—Yo los dejo. Yaro este lugar en increíble. Nos vemos mañana. —Una vez solos, ya que mis amigos habían ingresado, me abrazó con fuerza.
—Las cosas se han vuelto turbias. Sin embargo, deberías de descansar y más bien mañana nos re