Cuando llegué por el padre de Salomé y la madre de Lía Luz, a él lo vi caminando un poco mejor, aunque seguía moviéndose con cuidado. En el despacho me entregó una carpeta de lo que había averiguado su abogado sobre el teniente Zapata.
Tenía su morral en el hombro y la señora Tabata tenía las dos maletas. Le pedí que esperara mientras escoltaba al padre de Salomé. Luego escolté a la señora Oilda, sus hijos. Y cuando guardaba la maleta en la parte de atrás, ocurrió la tragedia. La señora Oilda c