Escuché el ruido de los que se iban, pero no quise salir… ¡Eh! Pero qué depresión existencial la que tenía. En verdad si estaba jodida con mi Chocolate… ¡Ea Ave María, pues!, en qué momento me ilusioné tanto.
Detesto tanto sentirme vulnerable, detesto cuando una situación me recuerda la soledad en la que vivo, ¿cómo pudo lograr Yasar Ortega, sin aviso, estuviera tan adentro en tan poco tiempo? ¿Qué pasó contigo, Amira? Siempre has sido centrada, ecuánime, al pan, pan y al vino, vino. Y ves a un