La señora Lía Luz me imponía que para el viaje debíamos de llevarnos a su perro, Tabaco. ¿Era una broma? Lo tenía encerrado, porque había mucho personal realizando las adecuaciones de instalación de cámaras. Y al parecer no le gusta mucho la gente.
En el interior de la casa suele mantenerse sin problema, según lo escuchado, adora a su madre y a sus hermanos. Debemos esperar a que poco a poco se adapte a nosotros. Pero eso era algo muy distinto, a que nos lo lleváramos quien sabe a dónde.
—Señor