Había acabado de hablar con Yasar y a esto le temía. A un golpe silencioso de los que tú no los ves venir, pero eran los que más impactaban y de manera nefasta.
—Yaro, ¿qué pasa?
—Onely… —fueron unos cinco segundos lo que tardé en reaccionar—. ¡Iván! ¡Daniela! —estaban en la oficina de al lado.
—¿Qué pasa? —todos llegaron ante mis gritos.
—Debemos ir a su clínica, la Araña le entregó la evidencia de la situación de Gustavo a Onely, ahora van en una ambulancia. José quedas a cargo de todo.
—Si s