Bajamos sin problemas a nuestra agencia. Jabir apagó las hélices del helicóptero y cuando era oportuno descendimos. Estábamos armados hasta los dientes y se encontraba la agencia nada más con los vigilantes. Eran las dos de la mañana. Ramón se puso a un lado del escritorio en el área de aterrizaje.
—Aún estoy debiendo una parte del trato. No creo que se encuentre en este momento, él ya debió cambiar de residencia. —cómo pudo, con su mano buena escribió la dirección en donde estaba la Araña—. Él