7. La prometida perfecta enseña los dientes
La nota llegó a mi escritorio auxiliar a las diez de la mañana, doblada en tres partes con una caligrafía que no necesitaba firma.
Sala de recepción oeste. Once en punto. Té.
Sierra Vane no pedía. Convocaba con la suficiente cortesía para que rechazar pareciera mala educación.
La dejé sobre la mesa durante casi un minuto, solo para comprobar si Caden decía algo desde su escritorio. No lo hizo. Firmaba documentos con la cabeza inclinada, pero sus dedos se habían detenido sobre la página desde qu