Goth estaba allí, de pie enfrente de mí, con la mirada fuerte y su imponente presencia de Alfa. Es algo que no podía explicar, pero ahora no le tenía miedo, era mi igual. Antes, hubiera comenzado a temblar de miedo y probablemente me habría desmayado sin más.
—Goth… —empecé a decir, pensando en que quizás fuera una alucinación provocada por la bruja.
Solté los cubiertos y estos fueron a parar al suelo. La bruja se aproximó, recogiéndolos para que no tocaran tanto la tierra. Ella los atesoró en