No quería mirarlo, no quería hacerlo. Esto era una completa injusticia y estaba tan cansada de que fuera así.
Cerré los ojos por unos segundos para tratar de buscar una pizca de fe, de esperanza. Algo que me hiciera pensar que todavía tenía una alternativa.
—No lo haré. —dije, mirándolo desafiante. Sin temblar, me estabilicé. Aunque no pudiera pelear, no quería temblar como una hoja de papel. El no merecía verme asustada y temerosa, no merecía verme frágil.
El no pudo creer que yo tomara esa de