Capítulo Veintitrés

Mi lengua se sintió seca y pegada mi paladar, ¿Qué podía decir?, no conocía en nada a Leonardo, no más que a mi propio mate, no sabía de lo que era capaz, y cada vez me demostraba más que nunca iba a hacer lo que las otras personas esperaban.

¿Qué clase de consuelo podría darles?

Decirles que era una mentira y que él no era capaz de hacer algo como eso, que tenía que ser un error era negar lo obvio, aparte de que no tenía la certeza de que estar diciendo la ve

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