Esa noche, mientras todos dormían, Lady Magdalena visitó a Dolores en secreto. Entró en su habitación con un sobre en la mano, sus ojos llenos de preocupación.
“Dolores,” susurró, entregándole el sobre. “Esto es para ti. No lo abras aquí. Espera hasta que estés de camino a casa. Este lugar no es seguro.”
Dolores tomó el sobre, sintiendo el peso de las palabras de su tía. “¿Qué es esto, tía Magdalena?”
“Es algo que necesitas saber,” respondió Magdalena, con lágrimas en los ojos. “Algo que podría