El viento soplaba con fuerza aquella noche en el castillo de los Carter, haciendo que las antorchas parpadearan y las sombras danzaran en los pasillos de piedra. Dolores, vestida con una túnica de terciopelo oscuro, caminaba con pasos firmes por el corredor principal, su mente atrapada en un torbellino de pensamientos. El peso de las decisiones que debía tomar era abrumador, y aunque su porte siempre era majestuoso y digno, en su rostro había una sombra de preocupación que no podía ocultar.
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