El palacio imperial, con sus intrincados pasillos y majestuosas salas, era un lugar donde los secretos y las ambiciones se entretejían como una red de seda. Mientras en la superficie todo parecía estar bajo control, en las sombras se gestaban intrigas que amenazaban con desestabilizar no solo a la familia real, sino a todo el reino. En el centro de este torbellino de conspiraciones estaba Takeq, el hermano menor de Faruq, quien, con una sonrisa encantadora y una reputación de hombre festivo, es