El palacio imperial era un hervidero de tensiones. Desde el nacimiento de los trillizos, la atmósfera había cambiado drásticamente. La alegría inicial por la llegada de los herederos se había transformado en preocupación debido al deterioro de la salud de la princesa Valeria. Día tras día, su estado empeoraba, y aunque los médicos reales hacían todo lo posible, no lograban encontrar una explicación clara. En medio de este caos, las ambiciones y las intrigas florecían como malas hierbas, y en el