Ni mis padres, ni Hugo, ni Gloria... nadie imaginó que yo pudiera rebelarme, mucho menos que fuera capaz de hacer que expulsaran a Gloria de la universidad.
Dentro de la casa, los gritos y el sonido de cosas estrellándose contra el suelo no paraban. Gloria estaba fuera de control.
Ana, agotada, se frotaba las sienes, intentando acallar el dolor que le martillaba la cabeza.
—Ay, ¿por qué Elena sigue siendo tan egoísta? —suspiró, exasperada—. Todo por un diseño... Mira cómo dejó a Gloria, hecha pe