Iba dando cinco vueltas sin parar cuando su voz me detuvo. ¿En qué momento llegó?. Desconcertada, lo miré confusa.
--- ¿No me habías dicho diez vueltas? Todavía me faltan cinco vueltas. --- Inquirí.
Me miró con cierta hostilidad. --- Corres en vez de trotar, debes hacerlo más lento. Sígueme el ritmo. --- Comenzó a trotar desde su lugar, lo seguí en cuanto llegó hasta mi posición.
Terminamos las cinco vueltas y entonces noté la diferencia entre lo que estaba haciendo yo y el consejo que él me