Nicolás se portaba bien conmigo, o tal vez yo simplemente evitaba hacerlo enojar. Mis malestares físicos se intensificaban, y era un verdadero martirio intentar ocultarlos. Cada día era más difícil, sobre todo porque no podía permitirme que Nicolás sospechara nada.
Finalmente, terminé mi tesis. Había sido un trabajo arduo, y aunque el alivio de haberla concluido debería haberme traído algo de paz, el creciente miedo que me consumía lo eclipsaba todo. Hoy era el último día para entregar el borra