Capitulo 42: silencio incómodo.

El silencio fue incómodo en el automóvil. Yo ya no quería hablar y, al parecer, él tampoco.

Al llegar a casa, bajé del auto y me adentré en la casa sin siquiera esperarlo. Sabía que me gritó y que eso solo lo haría enfurecer más, pero no se compara a mi enojo.

Entré a la habitación y cerré la puerta con seguro, pero él la abrió de un fuerte empujón.

—¿Qué demonios te pasa? —Me gritó molesto, con su rostro enrojecido de rabia.

—¿Qué demonios me pasa? Nicolás, así como tú no me soportas, yo tampo
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