8. Es que eres una inútil.

— Supuestamente soy tu esposa y es mi responsabilidad cuidarte — respondió Julia.

— Por poco tiempo — murmuró Ciro entre dientes.

— Perdona, ¿dijiste algo? — preguntó Julia, incapaz de escuchar las últimas palabras pronunciadas por él.

— Que vengas aquí y traigas mis medicamentos — exigió él de mal humor.

Julia se puso nerviosa y mientras caminaba hasta su cama se tropezó con sus propios pies y es que se volvía muy patosa cuando los nervios la ganaban.

Las pastillas cayeron al suelo y Julia las
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Rosa Martinezojala pueda irse pronto
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