En medio de los ruidos que hacían los coches de su hijo al caer en el suelo, Ariadna trataba de concentrarse en la película. Miró de soslayo el rostro de Lucas, que a simple vista parecía perdido en la pantalla.
—Lo siento —le susurró ella. A ella no le molestaban los juegos de su hijo, no obstante, entendía que para Lucas podía ser diferente.
—Me dijiste que se iría con su papá —murmuró él, con el rostro serio, perdido en la pantalla. No tenía problemas con el niño, pero se suponía que habían