—No puedo con esto.
Ariadna frunció los labios; su respiración se aceleró. Las lágrimas se acumulaban en sus ojos.
—¿Qué hago? —La pregunta hizo que sus labios temblaran.
—Dame mi lugar, solo eso —Lucas golpeó ligeramente la mesa con sus manos.
Ariadna mordió su labio inferior, bajó la mirada y susurró que lo sentía.
—Voy a hablar con él —le aseguró enseguida a su pareja; sin embargo, su rostro seguía desencajado.
—Espero que eso sea suficiente —dijo Lucas, pasándose la mano por el cabello