Los días siguientes pudo ver a Adriel. Jugó con él y le dio muchos besos en sus regordetas mejillas.
Una parte de su corazón aceptaba que probablemente jamás volvería a tener una interacción romántica con la madre de su hijo; aun así, las cosas no estaban perdidas. Tenía a su pequeño, que lo abrazaba con sus cortos brazos.
Para el mundo, no era más que un exconvicto, embustero, traidor y mentiroso, pero Adriel lo miraba como si fuera el superhéroe más valeroso en la faz de la Tierra, y esa opi