Meses después…
Luego de darle muchas vueltas al asunto, Estela no veía tan descabelladas las supuestas visiones de su esposo. Todavía no le quedaba claro por qué alguien ocultaría eso. Su hijo ya le había contado con detalle que la familia Acosta no quería verlos ni en pintura.
—Es complicado —le reconoció a su esposo.
—No, es la cosa más sencilla del mundo.
—Digamos que es así. Si lo que viste es cierto, ¿qué procede? Nathan no está en condiciones de exigir algo.
—Pero yo, que soy su padre