El eco de las voces de otros presos y sus familiares creaba una cacofonía que hacía que la voz de su padre pareciera aún más distante y vacía.
Nathan, sentado en la incómoda silla de plástico se mantenía rígido, con las manos tensas sobre la mesa. Simulaba escuchar lo que le decían mientras mantenía los ojos clavados en la mesa.
—Me ha dicho el abogado que el proceso se ha agilizado…
—¡Excelente! —lo interrumpió con sarcasmo, y su mirada se dirigió hacia Urriaga—. Cada mes el trámite se