Nathan avanzaba despacio por el estrecho pasillo de la prisión, rodeado por paredes frías y grises que parecían cerrarse sobre él con cada paso. Sentía las miradas de los otros presos, llenas de desprecio y hostilidad. Mantuvo la cabeza en alto, en un esfuerzo por no mostrarse tan cobarde, pese a que, por dentro, un torbellino de emociones lo agitaba.
De pronto, escuchó unas risas ásperas provenientes de un rincón oscuro. Antes de que pudiera reaccionar, un grupo de presos lo rodeó. Eran mucho