Las estaciones avanzaron un pequeño pero significativo paso, y detrás quedaron días que se transformaron en semanas, y esas semanas en un mes.
Ariadna veía su identificación sin prestarle verdadera atención. Aunque no lo reconocía de manera verbal a sus padres, en su interior no aguantaba la ansiedad. Había días en los que no dejaba su habitación, se la pasaba dormida o recostada en la cama. Otros tantos, la invadía el impulso de correr sin mirar atrás.
Su terapeuta le dijo que el término de