Se hizo infinidad de pruebas adicionales, no le importó gastar el dinero destinado a sus pasajes en esas pruebas de embarazo.
Con la vista cada vez más nublada, observaba el “positivo”. Ahora sí su mundo se desmoronaba.
No quería contarle a nadie y, aunque hubiera querido, no hizo ninguna amiga real en su corta estancia, y las que eran sus confidentes del pasado le dejaron de hablar por obvias razones. Algunas se fueron a favor de Mía y, a otras, ella no tuvo el valor de mirar a la cara y con