El cielo se tornó oscuro, y las pocas estrellas visibles tiritaban de fondo.
—Iré a cerciorarme de que es mentira entonces —dijo con voz firme Urriaga al teléfono.
La discusión con su esposa llevaba ya diez minutos y no parecía tener fin. Él le había platicado todo lo que le contó su nuera en busca de un consejo.
Sin embargo, Estela le comentó sin tacto alguno que Ariadna era una mentirosa. Una jovencita embustera que le gustaba inventar cosas para salirse con la suya. Que de seguro, todo eso