―Deja de decir que soy hermosa ―dijo Ariadna a Nathan, recostada a la izquierdo de la cama.
―¿Por qué? ―preguntó él, con las manos en la nuca y tendido en el colchón, mientras posaba sus ojos en ella. Le daba curiosidad conocer sus motivos, si era alguna especie de inseguridad o simplemente le molestaba que él lo dijera.
―Porque siento que te burlas ―replicó la joven, desvió la mirada en un esfuerzo por ocultar su sonrojo. Con verdadero miedo de obtener burlas de su parte.
Nathan le aseguró que