Nathan regresó a casa exhausto, con el cuello rígido, señal de una jornada extenuante en la oficina y una reunión agotadora. Sus pasos largos y rápidos lo llevaron velozmente a la sala, donde encontró a Ariadna y Jennifer, en medio de una discusión.
—¿Qué pasa? —preguntó, con el fin de entender la causa de la discusión.
—La señora Irina no se siente bien, el doctor está aquí. Usted me dijo que, si lo necesitábamos, podíamos mandarlo a traer —explicó Jennifer, en un intento de desviar el tema. S