Nathan volvió a entrar al cuarto con un paquetito plateado en la mano derecha. Contrario a lo que creería, Ariadna se sentía cada vez más húmeda y caliente. Al cabo de los minutos, volvieron a fundirse en un beso cargado de pasión.
Los dedos de Nathan entraban y salían de su interior con movimientos lentos. De nuevo se puso sobre ella, la miró, con su duro mi3mbro contra su entrada, rozaron sus labios y comenzó a entrar lento.
Ariadna había escuchado que la primera vez era dolorosa, hasta traum