Las dos semanas se pasaron tan rápido que a Estela no le dio ni tiempo de asimilar lo que ocurría. Su estómago comenzaba a verse inflamado, y aunque todavía no confirmaba públicamente su embarazo, las sospechas existían. Sus pies se le hincharon tanto que, horas antes de la celebración de compromiso con su hijo, tuvo que ir a comprarse un nuevo par de zapatos.
―El glamour no es nada en estos momentos ―dijo para sí, luego de elegir un par de zapatos sin tacón, cerrados en color crema.
Cuando lleg