Ariadna atendía a su suegra por la mañana. Los recuerdos de la noche anterior, por alguna razón, le daban una sensación de nerviosismo. Era evidente que Nathan era un mujeriego de primera.
En un intento de despejar su mente y animar a la señora Irina, Ariadna se puso a platicar con ella y le hacía comentarios lindos sobre su apariencia, pero debido a la acidez que caracterizaba a Irina Karsson, casi siempre respondía que no había nada bonito en ella.
—En mi juventud era otra cosa. Hoy soy una mo