A la mañana siguiente, Ariadna se despertó con la boca seca y un dolor de cabeza que solo era comparable al de su cadera.
Al levantarse de la cama, el malestar se extendía hasta su espalda baja. Su sorpresa fue mayor al ver que llevaba puesta una bata blanca en lugar de su pijama de dos piezas de pantalón largo y blusa rosa.
Se cubrió la boca con la mano y notó que desprendía un olor tan desagradable como si hubiera comido un galón de basura, sintió la necesidad de ir al baño a vomitar.
A los