Nathan, con un nudo en la garganta, veía a su madre postrada en la cama, ahora, los huesos de su clavícula se marcaban a través de su piel delgada. Su mirada opaca estaba enfocada en el techo y sus labios resecos los apretaba en una fina línea.
A pesar de que el doctor le aseguró la mejoría en cuanto al derrame pleural, la salud de su madre se asemejaba a tirar una moneda al aire.
—¿Tiene ganas de ver la televisión? —En el cuarto sentada al lado de la cama, Ariadna esperó la respuesta de su