Ariadna apretó los labios ante el sonido familiar del timbre. Al abrir la puerta, la señora Estela fingió una sonrisa después de responder al saludo de Nathan.
La pareja se dirigió hacia el comedor de la casa Urriaga. Ariadna había perdido la cuenta de las veces que estuvo allí, tanto en ocasiones especiales como casuales.
Los comentarios agradables sobre su peinado o conjunto de ropa que le dedicaba la señora Estela, ahora se transformaron en miradas incómodas.
Al estrechar la mano de su s