En el cuarto se apreciaba el leve aroma a lavanda mezclado con el olor a desinfectante. Además, una ligera fragancia floral, que provenía del arreglo de rosas sobre la mesa.
—No es necesario que estés aquí a diario —le dijo Irina a su nuera, sin tener contacto visual.
Ariadna se concentró en sus zapatos planos cerrados rosa pálido, y recordó el día en el que su padre se los regaló después de una salida familiar al centro comercial.
—No quería ser una molestia. —Se encogió de hombros, sin