Volaría por la felicidad de su hijo cuenste lo que le cueste, ella no sería su madre, estaba más que decidida.
Camila no pasó desapercibido ese acto y bajó la mirada hasta esta zona y cerró los ojos, frustrada. Esto era el colmo, sabía lo que estaba pasando y eso la lleno de mucho enojo, un enojo que ni ella misma comprendió.
—Niña tonta —Camil siguió diciendo.
—Sí, estoy embarazada del hombre a quien amo. —Luna ya no le importo ocultar su felicidad, ¿ahora que haría? ¿Aún así quería separarla